Bailar un eclipse dentro de ti…
Biodanzar en el Prado…
Danzar en verano, en un prado entre huertas, es aceptar que la vida no sucede sobre un suelo perfecto. La tierra es tierra: hay pequeñas piedras bajo los pies, hierbas que acarician, algún animalito que se cruza, duendes visibles que parecen acompañar cada movimiento. Y quizá ahí está también la belleza: en aprender a bailar con lo que hay, con lo que es, con la tierra verdadera.
Este verano en Valencia, en Levante el verano nos ha puesto a prueba. El sol, pesado, intenso, húmedo hasta lo extremo, nos envolvía como una segunda piel. Y entonces aparecía el susurro del viento al atardecer, más timido de lo que deseábamos, ese regalo que abría el pecho y hacía posible seguir. Y la fuentecita de agua de Noguera con limón que Nati y Juanca preparan con tanto cariño, como un pequeño milagro refrescante entre danza y danza.
Durante cuatro tardes y noches, el equipo de música —ese precioso regalo de los alumnos y de gente querida— fue el deleite que sostuvo nuestras músicas, nuestros silencios, nuestros encuentros. Y después, las cenas compartidas, las ricas viandas, las conversaciones, el agua de Valencia escarchada, la tarta de arándanos, las estrellas… Todo formando parte de una misma experiencia: nutrirnos, celebrar, encontrarnos.
Y como colofón, un eclipse total de sol maravilloso. Una veintena de danzantes con la conciencia de estar viviendo algo único, profundamente presentes y disfrutones, mientras yo solo podía admirar la concentración, la entrega y esa maravillosa transformación que sucede cuando el cuerpo se pone en movimiento.
Porque para mí Biodanza es mucho más que bailar.
Es expresar.
Es sentir.
Es disfrutar.
Es encontrarte.
Es reconocer esa semilla que una va sembrando en la propia vida y descubrir, con el tiempo, que puede convertirse en bosque: un bosque de personas que se vinculan, que se encuentran, que se entienden, que se sostienen, y a veces se entienden incluso con una sola mirada.
Y este proyecto se ha ido transformando, casi sin darnos cuenta, en pura creatividad.
Hasta llegar al agua, a la piscina, aparecida en medio de este oasis, donde el agua se volvió calentita y pudimos seguir fluyendo, dejándonos llevar por una especie de líquido amniótico que nos devolvía al origen, a ese lugar donde todo puede volver a nacer.
Ha sido un verdadero gozo.
GRACIAS a todas y cada una de las personas que lo habéis hecho posible.
Gracias a los duendes,
a las ranas, al viento,
al sol y a esa luna maravillosa que nos ha acompañado durante estos cuatro días de verano. Cuatro días que ya llevamos tatuados en la memoria.
Porque donde la tierra respira,
se puede crecer.
Crecer con cuerpos de hierba,

de luna,
de agua.
Sentir cómo se agranda el prado interior,
cómo se abre ese jardín invisible
y acuático que también nos habita.
Y, sin duda alguna,
quedarnos con la maravilla de haber bailado
un eclipse dentro de nosotras.
Seguiré danzando, bailando, creando
mientras la vida me mueva,
Mientras quieras seguir danzando ese misterio
en el que la vida nos danza dentro
mientras nos pulse,
mientras el corazón siga bombeando
esa energía
que nos recuerda que estamos aquí.
GRACIAS. GRACIAS. GRACIAS
NOTA: estos días parece que solo había dos tipos de personas las «eclipsianas» y las negacionistas.
Ahhhh Y tengo un master en protección ocular y una colección de gafas para los eclipses.
Yo me declaro profundamente «Eclipsiana» aceptando mi sombra, y la posibilidad de darle luz, acogerla, abrazarla y aceptar esa parte de mi con la que muchas veces no entiendo, pero a la cual amo, porque también soy yo.
Y tu en que parte estas?

